
Desde el lago de La Sabana emanó alegre Río Infinito
•Un espectáculo de juegos artificiales dio inicio oficialmente a las fiesta de las artes
•33 músicos de 14 países, más el argentino León Gieco, encantaron
Ana María Parra A. | aparra@nacion.com
Publicada en el periódico La Nación el 13 de abril de 2008.
Cientos fueron los observadores que desde la tierra firme de La Sabana vieron anoche zarpar a la Orquesta del Río Infinito, en el acto artístico especial de la inauguración del del XI Festival Internacional de las Artes 2008 (FIA).
Sentados en los prados de La Sabana, un mar de adultos, jóvenes y niños esperó con paciencia esta cita con los 34 músicos –sumando al argentino León Gieco–.
La cita de anoche, bajo un cielo nublado, fue el debut centroamericano de esta orquesta que recorrerá en el 2009 el río Amazonas.
Todo empezó a las 9 p. m., cuando subió a la tarima un dúo de instrumentos de cuerda de la República Popular China.
Luego, la viceministra de Cultura, Aurelia Garrido, dio uno de los discursos de inauguración más breves: “Buenas noches, damos por inaugurado oficialmente el Festival de las Artes”.
Inmediatamente bajaron las luces de la tarima que está enclavada en el lago de La Sabana, y con unos personajes mágicos como alerquines colgados de una estructura de metal se interpretó una canción con breves acrobacias aéreas.
Seguidamente, vino un juego de pólvora que llenó de colores el suelo e hizo que los niños que acudieron a la fiesta buscaran la mejor posición para ver el espectáculo.
14 territorios. A las 9:30 p. m., representando a 14 países de América, la Orquesta del Río Infinito llegó a la tarima. Izó las velas de este grupo una cálida oleada de aplausos.
La entrega comenzó con una intro de música del Altiplano en la que lució sus buenos oficios en la percusión andina Mauricio Vicencio (Chile-Ecuador).
La Orquesta, que fue creada por el tico Manuel Obregón, sutil y orgánicamente pasó del Altiplano a Río Infinito que el Malpaís de Fidel Gamboa comenzó.
Se fueron sumando percusiones, violines, guitarras y bajos eléctricos, gritos campesinos y batería de caparazones de tortuga, a la que el garífuna Mohobub Flores (Belice) hizo como le dio la gana.
Como tercera entrega interpretaron Carmelita, adiós , casi una especie de lamento.
Para ese momento, La Sabana era ya un hormiguero de gente.
Al cierre de esta edición aún no aparecía el argentino León Gieco, que entregaría Cinco siglos igual y Solo le pido a Dios . Es que cuando el río suena... orquesta lleva.
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